Ni siquiera los expertos parecen ponerse de acuerdo con respecto a qué es lo mejor, ya que cada tipo de alimento tiene sus ventajas. El gato, como animal carnívoro que es, necesita una dieta básicamente proteica. Este nutriente ha de estar presente en su dieta en una proporción elevada –un 45% de las calorías consumidas aproximadamente- por lo que, al margen de si nos decidimos por uno u otro tipo de comida, de lo que habrá que cerciorarse es de que la composición de la misma tiene un alto contenido en carne.

En los piensos se utilizan en muchas ocasiones subproductos animales complementados con cereales, una combinación que está lejos de ser la más adecuada para los felinos. Es por eso que, si optamos por la comida seca, ésta debe ser de gama alta. Comprobar en la composición que la base es carne desecada, deshidratada o fresca es fundamental para asegurarnos de que le estamos proporcionando un alimento de calidad. Si por el contrario, el producto tiene como base las harinas –aunque estas sean de carne-deberíamos desecharlo.

La comida seca también le ayuda a combatir el sarro, y además presenta otras ventajas, como su mejor conservación una vez abierta o su precio más asequible. Eso sí, un gato alimentado con comida seca debe beber una mayor cantidad de agua diariamente para cubrir sus necesidades.

La comida de lata contiene hasta un 70% de agua, por lo que hacer de ésta la base de su dieta garantiza el aporte hídrico necesario y minimiza la posibilidad de que sufran problemas renales, una de las principales causas de mortalidad en los felinos.

En la comida húmeda también cabe diferenciar categorías, y deberemos guiarnos por su composición para establecer cuáles son de mayor o menor calidad. Su componente principal debe ser la carne, aunque hay que evitar aquellos productos que indiquen estar hechos a base de “derivados”. Derivados de la carne o pescado no dejan de ser desperdicios cárnicos o vísceras, ingredientes que queremos evitar a toda costa.

Tampoco es recomendable la presencia de cereales y azúcares, que no resultan necesarios ni beneficiosos. Las verduras pueden estar presentes, pero en un porcentaje minoritario. No hay que olvidar que la base de la alimentación del gato se sustenta en proteínas y grasas.

Tras comprobar que cada tipo de comida tiene sus ventajas e inconvenientes, quizás el mejor modo de alimentarlos sea combinar todas ellas. Algunos veterinarios creen que una base de comida seca con una lata semanal es la proporción adecuada mientras otros apuestan por suministrar alimentación húmeda con mayor frecuencia. Sea cual sea la opción por la que te decantes, no olvides que lo verdaderamente importante es asegurarte de que los componentes sean de la máxima calidad para que la alimentación del gato sea equilibrada.

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