El caracal o lince africano es un elegante felino de tamaño medio (entre 60 a 90 cm de longitud) y complexión robusta. Vive en las sabanas semidesérticas de África, Oriente Medio y Asia (desde el Kazajstán ruso hasta la India). Aunque su aspecto recuerda al lince está emparentado con el serval, un gato salvaje africano con el que puede cruzarse. Los híbridos generados son los caravales y servicales.

Los servicales descienden de un macho serval y un caracal hembra. La primera cría se produjo de forma casual, cuando un empleado del zoológico de Los Ángeles puso a los dos felinos juntos.

El caraval desciende de un caracal macho y un serval hembra. La capa de manchas es similar a la del serval, pero el fondo es más oscuro y las orejas son puntiagudas, como en el caracal.

Características

El pelaje del caracal es liso, con un tono entre rojizo y castaño, libre de manchas o rayas. Sus orejas largas y puntiagudas están rematadas por un mechón de pelo negro. De ahí su nombre, ya que caracal deriva de la palabra turca karakulak, cuyo significado es “orejas negras”.

Alimentación

El caracal posee una visión excelente y un oído muy fino, lo que le permite cazar de noche con facilidad. Se alimenta de roedores e incluso de crías de antílope, pero sus presas favoritas son las aves, a las que puede capturar en pleno vuelo gracias a sus saltos verticales de más de dos metros. También es un ágil trepador, y en ocasiones ataca a los pájaros en sus propios nidos. Parece ser que incluso las águilas están incluidas entre sus presas.

Reproducción

En algunos puntos geográficos el caracal puede criar durante todo el año. En otros, las crías nacen en primavera. Tras un período de gestación de entre 69 y 81 días, las hembras dan a luz de 1 a 3 crías, generalmente. Los cachorros emprenden su camino en solitario cuando alcanzan los nueve o diez meses, alcanzando la edad adulta al año. Los machos buscan zonas alejadas para establecerse, mientras que las hembras acostumbran a quedarse en la zona de acción de la madre, o cerca de ella.

Conservación del caracal

Actualmente la especie está protegida en varias de sus regiones de distribución, aunque no se considera una especie amenazada. A nivel internacional, La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo ha catalogado como “preocupación menor” (LC), lo que significa que su índice de riesgo es más bajo que el de otras especies felinas.

El caracal en la sociedad

Los caracales son fáciles de domesticar e incluso en Egipto, Persia y la India se les adiestraba para la caza. Para probar su agilidad se soltaba un caracal domesticado en presencia de palomas, observando cuántas podía abatir de un salto.

Los antiguos egipcios simpatizaron mucho con este felino, al que relacionaban con las diosas gato Pakhet y Mafdet. Pakhet era una de las diosas regionales egipcias más antiguas. Apareció en el Imperio Medio, combinando la ferocidad de leona de Bastet y su delicadeza de gata doméstica. Era una deidad asociada a las lluvias y protectora de la maternidad. Se cree que el felino que la representaba podía ser un caracal o gato del desierto.

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