El ocelote o gato onza debe su nombre al mítico pueblo de los aztecas, en cuya antigua lengua Nahuatl se le conocía como “ocelotl” (tigre). También se le nombra como maracaya, cunaguaro o tigrillo. Este felino habita en todo el continente americano, desde Arizona al norte de Argentina. Puede vivir en selvas húmedas, montañas, e incluso en zonas áridas.

Hábitos y características

El ocelote mide entre 70 – 90 cm de longitud, sin incluir una cola que puede alcanzar los 45 cm y que le sirve para mantener el equilibrio. Su pelaje amarillento está adornado con hermosas manchas negras y rayas, similares a las del jaguar. Sus actividades son nocturnas, dedicando el día a dormir en las ramas de los árboles o escondido entre la maleza.

Alimentación

El ocelote caza mamíferos de pequeño y mediano tamaño, como zarigüeyas, monos o murciélagos. También entran en su dieta los reptiles (caimanes, lagartos y serpientes), las aves y los huevos de tortuga. Al ser buenos nadadores, en ocasiones pueden pescar.

Reproducción

Las hembras de ocelote crían cada dos años, aproximadamente. El período de gestación es de 70 a 89 días, y las camadas son pequeñas (1 o 2 cachorros, raramente 3). Las hembras alcanzan la edad adulta al año y medio, y los machos a los dos años.

Estado de conservación

El ocelote se ha adaptado bien a la vida en cautiverio. Al contrario que otros felinos pequeños, su reproducción en zoológicos ha prosperado, llegando incluso a la superpoblación.

Este felino fue catalogado como una especie en peligro de extinción desde 1972 hasta 1996. El comercio de pieles fue la causa de que la especie fuera casi exterminada. Afortunadamente, se han establecido controles rigurosos y se ha ilegalizado su caza. La población de ocelotes también ha sido explotada para su venta en el mercado de mascotas.

La mascota de Dalí

Genial y excéntrico a partes iguales, Salvador Dalí tuvo gustos singulares a la hora de adoptar mascotas. A finales de los años 60 paseó por París en compañía de un oso hormiguero, cuya imagen se difundió por todo el mundo. Otro de sus compañeros de viaje fue Babou, un bello ocelote al que llevaba a bordo de los cruceros. Tampoco dudaba en atarlo a la pata de una mesa cuando salían a cenar en lujosos restaurantes neoyorquinos.

El ocelote en la cosmogonía azteca

En la cultura azteca, la creación de la Tierra y de la humanidad se explica por el mito de los Cinco Soles. Cada uno de ellos estaba asociado a una era cosmogónica y regido por una divinidad. Entre los nahuas, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca eran dos dioses hermanos y antagónicos. Ambos se convirtieron en soles, alumbrando a la era más arcaica, que se llamó Ocelotonatiuh. En ella la Tierra estuvo habitado por gigantes muy sabios. Quetzalcoatl venció a Tezcatlipoca tras una serie de luchas, y éste se transformó en un ocelote que se comió a los gigantes. De un zarpazo derribó a Quetzalcóatl, el cual dejó de ser un sol. El felino simbolizaba la lucha por imponer el conocimiento y superar los defectos de los hombres.

Las pinturas murales del templo de Itzmiquilplan muestran a Tezcatlipoca representado como un ocelote de piel dorada y otro con manchas, simbolizando al cielo estrellado. Los nahuas también creyeron que la Osa Mayor es una constelación dedicada a su memoria.

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