Son varios los casos en que es necesario recurrir a una lactancia artificial. Por ejemplo, los cachorros nacidos en número excesivo necesitan un suministro extra de papillas integrales. Otra situación posible es que la gata muera durante el periodo lactante, o que carezca de la cantidad de leche necesaria para abastecer a la camada.

Naturalmente, es preciso que los gatitos hayan succionado el calostro materno, rico en vitamina A, minerales y albúmina, con propiedades laxantes que favorecen la expulsión del alhorre (acumulación fecal que se forma en el feto durante su vida uterina).

Las papillas artificiales integrales pueden ingerirse desde el cuarto o quinto día de vida, si bien la lactancia artificial absoluta no dará buen resultado hasta el décimo, es decir, cuando los gatitos abren los ojos.

Si no se puede recurrir a los servicios de otra gata que esté en condiciones de amamantar, hay que preparar una mezcla láctea que, en su composición química y poder alimenticio, se asemeje lo más posible a la leche natural de la madre. Por supuesto, siempre se puede recurrir a la leche maternizada en polvo, aunque no tiene por qué ser la mejor solución.

No es aconsejable sustituir la leche de la gata por la leche vaca, y aún menos azucararla (lo que la empobrece más). En realidad, la leche de gata posee mayor cantidad de minerales y casi el doble de grasas y proteínas que la de vaca, siendo sin embargo inferior el índice de azúcar.

Por consiguiente, si se emplea leche de vaca es necesario enriquecerla. Así, a la mezcla láctea puede añadírsele yema de huevo durante los primeros días. En los días siguientes es recomendable sustituir la yema por sustancia cárnica, con bazo o sesos bovinos ligeramente hervidos y triturados. La mezcla láctea debe suministrarse a temperatura de 38°C, utilizando un cuentagotas de plástico y dejando que el gatito vaya chupando a su antojo, sin forzarlo.

Si falta la madre durante la lactancia, se aconseja, después de cada comida, efectuar un delicado masaje en el vientre del gatito, como sustitutivo de los lametones maternos destinados a estimular las funciones del aparato digestivo. Estos masajes se darán de la cabeza a la cola, y se efectuarán durante las dos primeras semanas de vida de los pequeños.

Las papillas deben ser suministradas regularmente cada dos o tres horas, tanto de día como de noche. La dosis media de cada comida en la primera semana de vida es de unos dos centímetros cúbicos, aumentando progresivamente cada día.

Pese a los masajes, no es raro que los gatitos presenten estreñimiento o diarrea. Si estos se presentan en los primeros días de vida del gatito, la opción veterinaria es crucial, ya que el suministro de un medicamento no adecuado a la edad del gatito podría ser mortal. Si el estreñimiento o diarrea se presentan tras unos días de alimentación artificial, ello puede ser debido a una sobrealimentación. En tales casos debemos dilatar los intervalos en las comidas, cuatro horas como mucho en las dos primeras semanas de vida, y seis horas en adelante. También es recomendable aumentar la proporción de agua en la mezcla láctea. Y, en cualquier caso, continuaremos con los masajes.

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